Entrevista a profesora Andrea Pinto

La profesora Pinto es abogada de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, lugar donde hoy realiza clases de Teoría del Derecho, Filosofía del Derecho y Derecho Penal.

¿Cómo decidió o cuales fueron las motivaciones para estudiar Derecho?

Derecho siempre estuvo entre mis opciones, pero solamente elegí la carrera después de haber dado la prueba de selección universitaria. En el colegio, yo estaba en el electivo de matemática (risas), pero siempre me gustó el área humanista y, en particular, los ramos vinculado a la Historia. Sin embargo, justamente por estar en un electivo matemático, mientras estaba en el colegio, mis opciones más fuertes eran las ingenierías. Pero después de dar la PSU, tomé la decisión de estudiar derecho. Algunos aspectos que me ayudaron a decidir estudiar Derecho fue venir a la facultad en estos días abiertos y tener la posibilidad de hablar con algunas personas que estaban estudiando aquí y que eran de mí colegio. Otro punto que me hizo desistir del área científico y optar por derecho fue la percepción que tuve de que las ingenieras estaban un poco apartadas del contacto humano y acá (Facultad de Derecho), sí, tenía esta posibilidad

¿Uno de los mejores momentos de la fase de estudiante de pregrado?

Un momento que recuerdo con especial cariño, fue cuando era ayudante de penal y tuve la posibilidad de hacer una clase de derecho procesal penal en el curso del profesor Guillermo Oliver. Él me preguntó si estaba interesada en hacer una clase y como siempre me interesé por la vida académica (creo que incluso antes de entrar en la facultad de derecho), acepté gratamente. Fue un buen momento, pese a estar al mismo tiempo muy entusiasmada y nerviosa, porque fue mi primer acercamiento a la vida de docente y también porque como ayudante uno siempre quiere hacer bien frente al profesor. Fue un hermoso momento porque tuve la confirmación de que era la vida docente lo que quería para mí y para lo cual tenía talento (aunque sea poco). Y a raíz de eso, también valoro mucho el hecho de que haya profesores que confían en el trabajo que desempeñan los ayudantes y les permite hacer este tipo de actividad.

¿Algún profesor que le haya marcado?

Se me viene en inmediato en la mente el profesor Luís Rodríguez (“Luchín”). Es muy extraño porque hay algunas personas que están en primer año y dicen que les gustaría estudiar derecho penal o sienten ansiedad para estudiarlo, pero yo nunca tuve esta sensación. A lo mejor, en primer año, tenía alguna idea sobre derecho penal. Me acuerdo de que, al inicio, al igual que muchas personas, me atemorizaba el profesor Luchín, que tiene un estilo particular de hacer, no solamente la evaluación, sino que también las clases, en las cuales se exige mucho del alumno. Y esto, desde un punto de vista, me motivo bastante, más allá que me di cuenta de que me gustaba el ramo. Pero este esfuerzo constante de ser un ente útil en la clase fue bastante motivador. De hecho, con el paso del tiempo y, a medida que le fui conociendo más, lo que más me impresiona de él es su sencillez aplastante y su generosidad investigativa (con otros profesores de la escuela, de la cual me siento un poco acreedora). Sin mencionar que actualmente, lo considero como un amigo con muchas cualidades humanas, aparte de las cualidades investigativas.

¿Cuál es la labor que actualmente ha desempeñado en la Facultad?

Soy alumna de doctorado. Y, desde el año de 2015, he ayudado a algunos profesores en la organización de los cursos en las áreas de la teoría del derecho y del derecho penal. Diría que más que una labor autónoma, esta es una labor de colaboración y que me ha servido como una fuente de aprendizaje muy importante. Creo que todo lo que he aprendido en los últimos 2 años es considerablemente superior a lo que podría haber aprendido en cualquier otra parte. Y de vez en cuando realizo algunas labores de colaboración en trabajos de investigación.

¿Podría decir algo respecto a su trabajo de investigación?

A mí lo que me interesa desarrollar es un tema que sea o que esté ubicado dentro del derecho penal pero analizado desde una perspectiva filosófica, en otras palabras, la llamada filosofía del derecho penal. Y desde este punto de vista, aun no tengo definido lo que será el tema de mi trabajo (que debo entregar a fin del año). Pero muy probablemente, por ser un tema que me motiva y que me produce el deseo de investigar, será algo relacionado con los fines de la pena, analizado desde el punto de vista de la filosofía moral. Esto es lo que me gustaría analizar.

Y, en términos más concretos, también me interesa analizar y he investigado algunas cosas pequeñas respecto a la aplicación de la ley penal en cuanto a sus efectos en el tiempo y la interpretación de la ley penal. Pero siempre me interesa darle (o creo darle, aunque probablemente no logre) un enfoque metodológico distinto, más específicamente filosófico. Lo primero es más bien, un proyecto, pero este último es lo que he desarrollado últimamente.

¿Cómo fue el tiempo en que estuvo en Ius Novum, qué labores realizó mientras era consejera?

Yo fui parte de la Dirección de Investigación, durante (creo) 4 años, aproximadamente. Y tengo muy buenos recuerdos de mi tiempo como consejera de “Investigación”. Creo que, en esta etapa, aprendí la mayoría de las cosas que sé actualmente respecto a la edición y confección de trabajos, cosas que evidentemente no iba a aprender en otro lugar. Lo que uno puede aprender efectuando la revisión de un trabajo de otra persona es muy amplio. Se identifica bondades y errores, y evidentemente que eso, sirve de aprendizaje incluso para la persona que lo revisa. Y tengo este recuerdo, de que los trabajos que llegaban para la revisión eran trabajos serios. No se evaluaban por la persona que lo escribía o por la universidad de origen, sino que por su contenido. Así que, fue una muy buena experiencia. A una persona que le interesa desarrollarse en el área investigativa, yo le recomendaría que buscara pertenecer al equipo de CEIN, en el área de investigación, sin prejuicio de que no sé mucho respecto a las otras direcciones, pero sí, también soy testigo de que hacían un trabajo muy serio y constante. A demás que las reuniones de evaluación de los trabajos eran entretenidas, y tenía sus momentos de distracción, en donde se podía conocer mejor a los compañeros de trabajo y personas mayores también.

¿Cuáles son los beneficios que usted ve en que un alumno de pregrado publique un trabajo académico en una revista como Ius Novum?

Bueno, existe la típica respuesta de “yo no sé escribir”, pero en realidad, salvo los que tienen un talento innato para escribir, como un poeta, la mayoría de la gente no sabe cómo escribir, y la única manera de descubrir como escribir es haciéndolo. Y yo creo que esta satisfacción de, más allá que el trabajo sea publicado, escribir algo que tenga un comienzo y un fin y, que implico, probablemente, bastantes horas de esfuerzo, esta satisfacción es algo que, por lo menos para mí, es lo que busco.

Otras razones (más bien utilitaristas) son que, actualmente y en todos los niveles, para postular en cualquier beca (tanto para los que quieren desarrollarse en el área profesional o en el área docente) de especialización, se requiere tener publicaciones. Entonces si está dentro del interés de alguien, postular a un concurso, creo que el momento para empezar a preocuparse es durante el pregrado. No es posible aplazar este momento, porque, en definitiva, si alguien quiere terminar el pregrado, y siendo un abogado quiere postular a una beca para un magister afuera, necesita tener publicaciones. Es una necesidad. Además, esto es una práctica muy extendida y que afecta tanto a abogados como a profesores, y que creo que seguirá profundizándose. No creo que cambiara la tendencia ahora. Al igual con la preocupación que se tiene respecto a la necesidad de aprender nuevos idiomas. Publicar en la revista de CEIN es una posibilidad que está abierta a todos, no existe nada relacionado a la contraprestación económica o algo de esta naturaleza. Solo existe el esfuerzo personal.

¿Cuándo escribió su primer trabajo de pregrado?

Mi primer trabajo fue desarrollado en 3ro año, juntamente con una amiga llamada Valeska, para un Congreso de Derecho Penal (hecho por estudiantes de la Universidad Diego Portales). También debo mencionar la importancia del incentivo que nos dio el profesor Luís Rodríguez y luego su acompañamiento en la elaboración de este trabajo hasta su exposición en Santiago. Ahí fue mi primera experiencia en el desarrollo de un trabajo de investigación.

¿Algún mensaje para los que quieran participar en la convocatoria de Ius Novum?

Les diría que, al enviar un trabajo a una revista (particularmente al caso de CEIN), hay mucho para aprender. Creo que sería un error pensar que solamente puedo enviar un trabajo si tengo una idea excepcional o algo así, porque, en la actualidad, mucho de los trabajos que se escriben actualmente, no son ideas excepcionales. Son enfoques respecto a determinados temas que van haciendo avanzar una disciplina hasta llegar, en algún momento, a esta excepcionalidad. Pero uno debe ser consciente de sus posibilidades, de sus limitaciones (cuando uno va en tercer año, evidentemente no puede pretender ser una “Hannah Arendt” o escribir como ella). En suma, mi consejo, evidentemente es que lo hagan, que se atrevan y que hay que empezar, en algún momento, a escribir.

Más allá de que el mundo avance hacia la oralidad, nunca dejará de ser importante la parte escrita. Uno piensa en el proceso penal y es oral, pero igualmente hay que presentar apelaciones que son escritas. Entonces, hay que empezar a escribir e investigar en algún momento, y que mejor momento que hacerlo durante el pregrado y hacerlo además en una revista en donde uno puede competir con personas en una situación más o menos similar a la suya. Y pensando en el miedo a fracasar y no ser aceptado, la verdad, es que eso, yo todavía lo siento y por lo que pude conversar con profesores que son mucho más “grandes” que yo (risas), ellos también siguen sintiéndolo, obviamente en otros niveles. Pero eso algo constante y hace parte del aprendizaje.

2017

Por João Marcos Augusto de Oliveira